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“Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” Mt. 6, 4b
La Pascua es “La gran fiesta” de la Iglesia: La vida, el amor, la humildad, la amistad, la verdad y la ternura vencen para siempre al egoísmo, la maldad, la traición, la soberbia, en definitiva al pecado y a la muerte. Nuestra capacidad de amar a Dios, a nosotros mismos y a los demás es renovada desde su raíz por este Jesús que” nos ama hasta dar la vida”. Si para todo festejo solemos prepararnos, para la celebración de la Pascua queremos hacerlo de manera especial y para eso es el tiempo de cuaresma en la vida de la Iglesia: un tiempo de pensar, contemplar y meditar sobre cómo estamos viviendo esta capacidad de amar que Dios nos regaló y nos regala, y ahora quiere renovar especialmente.
Evangelio del miércoles de ceniza Mt. 6, 1-6; 16-18
“Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.”
Propuesta para la reflexión…
El evangelio plantea la importancia de hacer las cosas de corazón y no para aparentar. La fiesta de la Pascua es la fiesta central de los cristianos y celebramos que el amor triunfa siempre, que el amor es entrega y verdad (entre otras cosas). La idea de esta cuaresma para lo cual elegimos este evangelio, es poder revisar a que cosas estamos acostumbrados y cuáles de esas costumbres nos sirven para crecer en el amor, la verdad y la entrega, es decir, para ser verdaderamente felices; y cuáles, no solo no nos sirven, sino, como plantea el evangelio, las hacemos para aparentar, nos alejan de la felicidad que buscamos.
También pensar que Jesús es quien nos puede ayudar a pensar estas cosas de corazón, nos puede ayudar a vivir en el amor, la entrega y la verdad si lo dejamos entrar en nuestras vidas. De hecho eso es la Pascua: Jesús se queda para siempre con nosotros, porque nos ama y es el quien tiene el profundo deseo de amar, en nosotros con todo lo que somos, a los demás.
Por lo tanto, si descubrimos cosas que no nos gustan porque no nos ayudan a ser felices en el camino del amor, la verdad y la entrega, todo está por hacerse: porque Jesús vive en nosotros para eso, para enseñarnos el camino. Sólo hace falta abrir el corazón y pedírselo.
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